sábado, diciembre 16, 2006

Rebatinga de navidad

Sí señores, estamos en esa temporada de cenas de navidad que parece no librarse nadie, y yo no soy la excepción. Ya llevo 5, y me quedan otras tantas... es época de reunión con amigos, compañeros de trabajo, ex compañeros de trabajo, compañeros de ex compañeros de trabajo, compañeros de ex trabajo, compañeros de piso, compañeras sin más, ex amigos, futuros amigos, familia, ex familia.... las combinaciones, como la quiniela, son infinitas.

Ayer tuve uno de estos eventos, de amigos ex compañeros de piso y anexos a su respectivo grupo de amigos. Como los presupuestos personales y familiares cada vez son más precarios, las reuniones con este motivo se celebran con más frecuencia en locales domésticos en detrimento de los públicos, que parecen cumplir la ley de la oferta y la demanda al centavo y optan por elevar sus precios como si se tratara de auténticos banquetes nupciales. Así que la opción casera fue la más adecuada.

La peculiaridad de esta reunión recayó en la naturaleza de la entrega de obsequios. Rompiendo con el tradicional "amigo secreto", la anfitriona y su futuro desposado optaron por la opción de la "rebatinga", que consiste en que cada asistente (con independencia de su estado civil y/o moral) debía acudir a la cita con dos regalos, uno real y uno falso, o broma, y de ahí la palabra "rebatinga" (que si bien es cierto que el diccionario la define como trifulca, safarrancho o similares, nuestra mexicana anfitriona decidió bautizarlo de esa manera).

En mi caso, la duda sobre los obsequios se mantuvo hasta la víspera, y con la ayuda de amistades varias por fin di con el regalo de broma perfecto, mismo que no describiré por pudor. El verdadero fue un chollo que encontré en una tienda de menaje de hogar, y consistió en una fondue para 6 personas que estaba rebajada por ser la última en exposición (amén de su calidad de manufactura, que la verdad sea dicha, dejaba mucho que desear, pero una fondue es una fondue...).

La expectación de la mayoría de treintañeros asistentes no se hizo esperar, y la anfitriona, tras la cena y alguna que otra copa, harta de la insistencia de su decena de invitados, decidió dar comienzo al intercambio de presentes.

Todos los obsequios se colocaron en una mesa, y todos sentados alrededor de ésta y por turnos, fuimos tirando dados, de forma que el que sacara dos dados con el mismo número, podía elegir regalo, sin saber por supuesto si se trataba de verdadero o falso, pero si el jugador sacaba dos "unos" debía devolver uno de sus regalos, en caso de tener. Cuando los regalos se terminaron, siguieron 7 turnos, y si el concursante sacaba dos "seises" podía robar un regalo a cualquiera de sus compañeros.

Mi suerte, como siempre, fue buena al principio y mala al final. De sacar dos regalos de golpe, poco a poco mis co-tertulianos fueron 'mangando' mis presentes, hasta quedarme sin uno. Al darse esa situación, la anfitriona decidió que el que más regalos tuviera debía obsequiarme uno, por la clara situación de desventaja.

En resumidas cuentas, me libré de llevarme un ábaco para un crío de 3 años y una almohada de viaje, y a cambio recibí un juego de 4 vasos para cerveza. No estuvo mal después de todo... Entre los regalos que salieron hubo de todo: un diario, un juego de lápices, un tanga con forma de pingüino, una correa para perro invisible, un tubo de Hemoal en toallitas, un chato de vino, un niño cagón, un bolígrafo con radio am/fm integrado, una zambomba, una diadema con cuernos de alce, entre otros que no recuerdo por culpa de alguna copa de más.

La velada concluyó a eso de las 3 de la mañana, con una franca sonrisa en la cara de todos y de todas, y el buen sabor de boca que a veces iniciativas tan ridículas e infantiles como la descrita se desmarcan radicalmente del sopor que supone en unos casos y la vergüenza ajena en muchos otros en lo que se refiere a este tipo de reuniones, en especial las que tienen que ver con la vida laboral y no con la personal. Siento gran satisfacción de haber compartido un rato con este grupo que me ha acogido dentro del suyo y forman parte del mío.

Por una vez, me congratulo de haber asistido a la "cena de navidad".

martes, diciembre 12, 2006

Edvard Munch...


He elegido esta fecha, en la que celebramos el 143º aniversario del célebre pintor del famoso "Grito", para hacer esta entrada tan especial.

Hace trescientos 55 días que nació este blog con la ilusión de ser actualizado con la mayor frecuencia posible, pero circunstancias de este annus horribilis me han llevado a abandonarlo a su suerte, al no hacer más de 5 entradas en este escaso año de vida. No obstante esta breve entrada tiene como objetivo relanzar al estrellato lo que en su día pretendía ser un pequeño espacio de pataleta y reflexión, abierto al ciberespacio, esa moda que parece extenderse entre muchos y que parece no tener fin. Blogs de famosos y no tan famosos se multiplican día a día y son una muestra de que todos queremos gritar a los cuatro vientos nuestras reflexiones, que la sordera de nuestras distintas sociedades nos impide hacerlo abiertamente, y que no es más que la democratización literaria, al alcance de todos, emisores y receptores, ese particular "Grito" de Munch que todos y cada uno reflejamos a través de la breve literatura que plasmamos en estos espacios digitales, pero que nos reconfortan y nos retroalimentan.

Sin más, y por cumplir con mi palabra de ser breve, levanto mi copa y hago un brindis por todos aquellos que escenifican el cuadro de Edvard Munch todos los días.

miércoles, agosto 23, 2006

Y cuando desperté...

...no, ya no estaba ahí. Lo siento, Tito Monterroso, pero esta vez te jodo el cuento.

En este caso el dinosaurio es el recuerdo de mi padre. Se ha marchado de casa. Esa casa en la que no vivo desde hace años, que está tan lejos y a la vez es parte de mí todos los días. Con él se ha llevado muchas cosas, y no son físicas. ¿algún día las podrá regresar? Quisiera pensar que sí, pero serán apócrifas, burdas imitaciones de mercadillo. Quién sabe, a lo mejor las originales también lo eran, pero nunca lo supe o lo quise saber. Hasta ahora. Entre las que no se ha llevado, pero que han intentado arrancarle es su derecho a llamarme hijo y el mío a decirle papá: el sentimiento que tenemos el uno al otro es un caballero elegante que va por encima de la mera nomenclatura genialógica.

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